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Strawberries and Lemons julio 13, 2008

Posted by lalapradamarela in Good Bye's, Last Times, love, relationships, thoughts.
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Te veía por la rendija de mi ventana imaginaria espiando tu corazón por un ratito, ese corazón que conocí, que supe que existía, que profirió palabras hermosas -aunque no ciertas- y me hizo sentir significante, ese que me cantó mil canciones, que me pidió que gritara -It’s not just fucking sex, baby boy- , ese con el que me reí tantas veces, al que le regalé mis lágrimas, mi sexo, y uno de los pedazos de mi roto corazón que no me percaté de recoger, sin el que me acostumbraré a vivir, por supuesto. Ese, el tuyo, que sabía que era de otra gata afortunada y-nada-amarilla y cuando te lo dije y me dijiste no. Un no rotundo.

Shhhh…Silencio, alguien viene.

Corrí un poco tu alma para poder ver bien lo que estaba pasando, abrí los ojos, cerré mi freaking heart…

Afuera llovía a cántaros y tu estabas ahí, sin alma, sin sonrisas, sin nada que te protegiera, sin tu paraguas que era yo. Una cerveza amarilla, igual a mi, mojaba tus labios cigarrentosos. No entendí porque no me dolía casi si debía estarme halando los sentimientos porque estabas con la mujer que amabas que no era yo. Tal vez era porque cuando escuché los pasos que se acercaban a tí, hace un tiempo, le puse el candado al alma y tan oxidado el pobre, probablemente no se volvió a abrir y no creo que lo haga.

Tratabas de cantar una canción que no entendí, Stawberrie, como yo la había llamado porque se me parecía, pasaba la mano por tu pelo empapado y tu hacías unos ademanes que le sugerían que te devolviera algo, no supe que pensar… ¿Las llaves de tu casa?, ¿Un pase al estadio?, ¿Una foto?. No lo sé, alcancé a imaginarme cualquier cantidad de cosas, ninguna de ellas era, por supuesto.

Strawberrie abrió un bolso de pepitas plateadas y de él brotaron varias mariposas y un poco de café. Te quedaste embobado mirando como desaparecía la última de las aladas y ella acercó su mano a tu rostro, respiró hondo y te dijo – Mírame, Lemon, mírame por favor, eso sí alcancé a oírlo y afiné mis sentidos a ver si podía enterarme de algo más -estaba espiando tu corazón, no podía perderme dettale alguno, entenderás-, pero el ruido del sitio donde estaba empezó a intensificarse al punto que me tocó conformarme con sus labios rosados y los tuyos, más azules, entablando una conversación silente pero muy intensa.

Esa danza gesticular duró algunos minutos, de sus ojos brotaban unos brillantes diamantitos transparentes que ella enjugaba con afán y desesperación. Tu pasabas saliva con dificultad, tratando de no romper en llanto y menos mal no lo hiciste, porque hubiera salido nadando yo en cuanto se llenara de tristeza tu corazón. Yo miraba esa escena desde el rincón donde me había instalado, estaba flotando, sin sentir nada, tratando de no perder un sólo detalle para después llorar un poco y desahogar tal evento con unas pocas letras y tal vez un vodka o dos, en ese momento ganas ni de respirar tenía.

De su cartera de pepitas plateadas ya abierta sin-mariposas-ni-cafe, Strawberrie sacó una macita no tan grande ni colorida, más bien parecía un huequito a blanco y negro y te la pasó. Apenas la tomaste ella se arrodilló y empezó a llorar profusamente, tanto, que parecían las aguas de un río caudaloso en temporada de tormenta. La cogiste tembloroso, con mucho cuidado, la acercaste a tu pecho y desapareció. Por alguna razón yo sentí una bocanada de aire caliente e intensa que me dejó a un pelo de salir de donde estaba, le clavé mis uñas a tu alma y me agarré como pude, no me iba a dejar sacar antes de ver como terminaba la novela…

Ustedes seguían ahí, ahora estaban inmóviles, como dos muñecos de trapo mojándose bajo la noche húmeda. Y ahí, en ese lapso de tiempo-espacio antagónico, mientras yo trataba, inútilmente, de reconocer algún movimiento, algún pedacito de humanidad por ahí, entendí…

Entendí que Stawberrie te había devuelto tu corazón, donde estuve yo un tiempo escondida sin que ella se diera cuenta, aún cuando estaba en secuestro voluntario dentro de su cartera de pepitas plateadas. Estaba hueco pero era de Strawberrie y por mucho que me agarrara, no me iba a quedar adento -el cruel destino de las cucas como yo, igual, ya me lo imaginaba, ya no me importa-. Tomé aire, fui soltando lentamente mis dedos de tu alma, cerré los ojos, me percaté que mis pedacitos de corazón estuvieran bien asegurados, perdí la fuerza y me dejé caer. Cuando abrí los ojos estaba en mi balcón, no olía a tí ni a nada, agarré un cigarrillo, lo coloqué en mis labios, lo encendí y mientras me lo fumaba, me fumé tu duelo, tus lágrimas y todo lo que me apegaba a tí.

Me fumé hasta la memoria y ya no me acuerdo a que hueles.

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